Reseña: Possessed “Revelations Of Oblivion” (Nuclear Blast 2019)

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Sorpresas te da la vida. Possessed, reactivados desde el 2007, han vuelto al ruedo en forma de disco treinta y tres años después de su segundo largo “Beyond The Gates”. La leyenda californiana del death/thrash, con el miembro original Jeff Becerra al mando, entrega “Revelations of Oblivion” para tratar de ser algo más que un mero tributo a su propio legado. No hará falta decir que sus dos primeros trabajos, especialmente su debut, el seminal “Seven Churches” es uno de los álbumes más relevantes e iniciáticos de todo el género extremo. Pero treinta años sin apenas nada nuevo que llevarse al oído son muchos años. Aunque te llames Possessed.

Para bien o para mal, el disco da pocas sorpresas. Para bien porque esto tiene poco que ver, por ejemplo, con “Illud Divinum Insanus”, aquél incomprensible álbum de Morbid Angel. “Revelations of Oblivion” es puro death/thrash marca de la casa de principio a fin. Con sonido actual, pero sin moderneces forzadas. Con buenos riffs y esa característica voz de Becerra. Para mal porque quizá al disco le sobre duración y le falte un poco de consistencia en algunos tramos.

Tras una intro de rigor “Chant of Oblivion” estalla “No More Room in Hell” y el efecto nostalgia salta por los aires. Producción potente, buenos solos de guitarra y multitud de cambios de ritmo que no dan descanso. Esa misma senda la siguen los siguientes “Dominion” y “Damned”. Este último con uno de los riffs que más fuerte permanecen en mi cabeza tras varias escuchas. El quinto corte “Demon” arranca con el acelerador tocando fondo pero va alternando velocidades aquí y allá siendo uno de los cortes más atractivos del disco. Muy buenas líneas de batería a cargo de Daniel Márquez aquí. “Abandoned” alterna partes que pasan por ser fácilmente las más directas y rápidas del disco, donde el doble bombo atruena a placer, con otras a medio tiempo que dan un gran contraste al conjunto.

De “Shadowcult” hasta el final, el disco ya me genera más dudas. Hay buenos temas, sin duda. Este lo es. Pero uno empieza a acusar cierta falta de ideas. “Omen” quizá sea lo más centrado de este último tramo. Es el tema de más duración del disco y tiene, seguro, alguno de los mejores riffs de todo el álbum. Pero también quizá las partes a medio tiempo menos logradas de todo el disco. El riff cabalgante de la parte central sobre el que apoyan el solo lo has oído un cien millones de veces. “Ritual” tiene las partes más death del álbum, amplificadas por los pocos blast beats que se han dejado oír a lo largo de los más de cincuenta minutos del álbum mientras que “The Word” pasa por ser lo más thrash de este tramo final. “Graven” es un buen pildorazo de death alternado con alguno de los pasajes más melódicos del disco. Entiendase “melódico” dentro de lo que es una banda de estas características. El cierre es para el outro “Temple of Samael”.

Y bueno. Puede que no haya más “espacio en el infierno”, pero sí ha habido hueco en este dos mil diecinueve para que Nuclear Blast editase un buen disco de regreso de una de las mayores leyendas de este negocio. Puede que no se trate de un álbum espectacular, puede que sea un tanto disperso en su parte final, pero de que es digno sucesor de aquél par de álbumes que la banda entregara en los lejanos años ochenta del siglo pasado no me cabe duda. Que no es decir poco.

Texto: David Pérez Naves

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